miércoles, 18 de junio de 2008

El derecho a decir sí, quiero.

Y una de las noticias del día, es la boda en el estado de California de dos Ancianas de 80 años, que tras haber luchado toda su vida en pro de los derechos de los homosexuales, han visto hoy cumplido su sueño, de equiparar legalmente su vida amorosa a la del resto de los casados. Vamos avanzando, gracias a Dios, o tal vez más bien no gracias a él, en la vía de la igualdad de derechos, ya que afortunadamente ninguno aquí en este bonito planeta, somos realmente iguales a otro.
Es inconstitucional, dice el Tribunal Supremo de California, la ilegalidad de los matrimonios homosexuales y así pues, es inconstitucional en California, que no en Nevada, Carolina del Norte o del Sur da lo mismo, Washinton, Dakota, Idaho, Wyoming o cualquier otro estado de ese puritano país, menos New York, que pese a haber decidido que no es ilegal, no va a casar a nadie, al menos por ahora.
Y yo me pregunto, ahora estos ciudadanos norteamericanos, que van a desplazarse a California para casarse, según se muevan por el país, serán matrimonio o no. Aquí somos matrimonio, aquí somos ilegales, pero siempre, bajo la misma Constitución que protege a unos y desampara a los mismos, solo por vivir en diferentes estados.
Yo no estoy a favor ni en contra de los matrimonios gays, sino a favor de la igualdad de derechos de las personas, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Eso es precisamente lo que dice nuestra querida Constitución Española, pero no ha sido hasta hace 3 años que nos dimos cuenta de lo de sexo, que no solo se refiere a macho y hembra, como animales que somos, sino también a la preferencia o si os parece mejor, las preferencias sexuales las englobamos dentro de cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Este bonito artículo 14 de nuestra Constitución, se escribió ya hace 30 años, no os parece vergonzoso no haberlo puesto en práctica casi nunca.
Yo me avergüenzo de ser persona, de vivir en el milenio del progreso, de poder viajar al espacio y no ser capaz de reconocer a una persona que vive al lado mía como otra persona con mis mismos derechos.
Espero sinceramente que esto sea solo el principio de la lógica en cuanto a la única verdad existente, que independientemente de cualquier circunstancia una persona es eso por si misma y debe poseer desde su nacimiento los mimos derechos que todas las demás. Y si yo tengo la suerte de que me gusten los hombres siendo una mujer, porqué he de encontrar menos trabas en mi vida social y legal, que un hombre que su único delito en la vida es, tener el mismo gusto que yo.