Llevo 3 días como introducida en una pesadilla absurda que me hace tambalearme en mis cimientos de lógica y frialdad, sin ser capaz de entender como es posible que las cosas ocurran de forma tan drástica que trastoque tu vida y tus creencias por completo.
Apenas entiendo el porqué ocurren ciertas desgracias que nadie espera y que envuelven tu mundo en una nube de desesperación e incertidumbre. Me quedo mirando hacia atrás y no encuentro la respuesta, pues no existe.
De repente, en cuestión de segundos todo ocurre y los planes se desestabilizan y parecen formar una peligrosa columna, allá en el horizonte de las cosas que probablemente nunca haremos. No desandar el camino, pisar fuerte y seguir hacia adelante. Y desde fuera me encuentro a mí misma que jamás siento miedo, teniendo un pánico atróz a volver a perder, a no llegar a tiempo para darle un beso a la mujer que me entregó todo su amor sin condiciones desde el primer momento de mi vida.
Como quisiera poder borrar de mi memoria esa extraña sensación de que todo puede ser tarde, cuando al acercarme a ella no encontré a la mujer que esperaba.
Me parecía vivir de nuevo esa maldita noche en que mi padre dejó de ser mi padre y mi desesperación hizo acopio de todas mis fuerzas para recordarme que solo soy una mujer y que las piedras no existen y el muro de protección hace meses que se derrumbó ante mis pies.
Gracias a todos los que habeis estado ahí estos terribles días y que sé que continuareis a mi lado, prometo que el próximo post al menos os hará sonreir.
Apenas entiendo el porqué ocurren ciertas desgracias que nadie espera y que envuelven tu mundo en una nube de desesperación e incertidumbre. Me quedo mirando hacia atrás y no encuentro la respuesta, pues no existe.
De repente, en cuestión de segundos todo ocurre y los planes se desestabilizan y parecen formar una peligrosa columna, allá en el horizonte de las cosas que probablemente nunca haremos. No desandar el camino, pisar fuerte y seguir hacia adelante. Y desde fuera me encuentro a mí misma que jamás siento miedo, teniendo un pánico atróz a volver a perder, a no llegar a tiempo para darle un beso a la mujer que me entregó todo su amor sin condiciones desde el primer momento de mi vida.
Como quisiera poder borrar de mi memoria esa extraña sensación de que todo puede ser tarde, cuando al acercarme a ella no encontré a la mujer que esperaba.
Me parecía vivir de nuevo esa maldita noche en que mi padre dejó de ser mi padre y mi desesperación hizo acopio de todas mis fuerzas para recordarme que solo soy una mujer y que las piedras no existen y el muro de protección hace meses que se derrumbó ante mis pies.
Gracias a todos los que habeis estado ahí estos terribles días y que sé que continuareis a mi lado, prometo que el próximo post al menos os hará sonreir.
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