Y yo, que de repente veo la vida de una manera totalmente distinta...
De verdad que no sé que me está pasando, pero me temo que andan por mi mente rondando varias cosas que han hecho que mi percepción del día a día cambie de manera increíble.
Supongo que el hecho de haber visto de primera mano que todo es susceptible de empeorar, me ha hecho pensar que tal vez lo que ahora mismo tengo no está tan mal, y lo que he perdido, lo disfruté en su momento.
No puedo decir que no disfruté todo lo que pude de mi padre, porque no sería verdad, no me arrepiento de todo lo que hice, pues aunque me vine a Sevilla, todo el que me conoce bien sabe que estaba deseando que llegase el fin de semana que tocaba ir a Huelva, para pasarme horas hablando con él, o simplemente viéndolo dormir en aquel sillón. Y sé que hice todo lo que pude por ayudarlo en su enfermedad, que aún no he perdido la costumbre de tener siempre el teléfono encendido y operativo por si él me necesitaba a cualquier hora. Solo hay una cosa que cambiaría: yo que no soy muy dada a demostrar mis sentimientos, solo una vez le dije que lo quería muchísimo y fue llorando, tras una pelea apoteósica que aún me duele por no ser culpa de ninguno de los dos. Cambiaría ese te quiero por otro, en cualquier momento de felicidad, aunque sepa a ciencia cierta que él sabía que yo lo adoraba y yo que era su ojito derecho.
Y para los que no entiendan porqué echo tanto de menos a este hombre que llenó de luces mi vida, os contaré algunas historias, que tal vez os hagan sonreír.
Mi padre era hombre de frases hechas, muchas de ellas suyas. Como lección de conducir, tenía una que para mí es genial, que decía: "De gente con preferencia, está el cementerio lleno" así pues, jamás podías replicarle y decirle, "es que yo tenía preferencia", porque te soltaba esto; Cuando al principio de sacarme el carné, en lo cruces me desesperaba viendo pasar coches antes de poder cruzar, me decía: "Cinta, siempre viene un claro" y cierto era que siempre venía.
Y siempre nos contaba historias que nos hacían reír muchísimo, como el día que yendo en el coche después de salir del campo, y cuando ya llevaba varios Km. recorridos, nuestra perra Diana se había introducido en el coche de incógnito y dio a conocer su estado, mediante un toque de su pata en la espalda de mi pobre y asustadísimo padre, que por unos instantes pensó que el fantasma de la autostopista se había metido en su coche en la última curva.
Y tal vez muchos habréis oído de mis labios la increíble historia de como casi incendiamos la casa hace apenas un año, por la genial ocurrencia de mi padre de poner 73 velas en la tarta y mi descuido al comprar la tarta más pequeña del mercado. Pero eso si es posible, os lo enseñaré algún día en vídeo para que podáis comprobarlo en toda su magnitud.
Sin más y con otro tributo a mi genialísimo padre, os doy a todos un consejo que él me daba en los últimos meses: "Disfrutad al máximo de lo que os da la vida, nunca sabréis cuando se va a acabar"
martes, 27 de noviembre de 2007
Deja de soñar... ¡¡Vive!!
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