Aquí vuelvo, por que necesito volver a activar las teclas debajo de mis dedos, por que mi cerebro está saturado y quiere explotar de nuevo, volcar en letras todo lo que rebosa, de gris rabioso, por entre mis cabellos enredados.
El mundo es tan distinto 4 años después, las conversaciones radicalmente opuestas. Y es que a veces nos creemos que el tiempo no va a pasar, que los años serán eternos e inmutables y sin embargo el maldito reloj se encarga, el solito de recordarnos la realidad.
Estaba yo en la calle, recogía a mi preciosa niña de la guardería y la gente charlaba como siempre lo hace, con la indiferencia de quien se sabe dueño de la verdad. Que niña tan bonita, te dicen, sin mirarla siquiera a la cara y tu sigues tu camino, sin importarte si es cierto o no, sabiendo desde lo más profundo de tu ser que es bellísima en su pureza de tábula rasa, cuando aún la experiencia y sus mierdas no han inundado su preciosa vida.
Qué más da si sus ojos son azules o negros, o si su cabello destella como el oro azteca, si sus rizos negros llenan su cara de alegría, qué más da...
¿Acaso es necesario el exterior para sentir la belleza que te llena por completo la existencia, tan solo al verla despertar por la mañana?
Ella me decía palabras con sílabas inconexas y yo le contestaba como si supiera exactamente lo que me estaba diciendo, me contaba su tarde en la guardería, esas dos preciosas horas que pasa junto a varios niños, por qué son necesarias para su psique. Tal vez me decía que el niño castaño, le había cogido de la mano para ir juntos a jugar, o que la niña pelirroja era su amiga del alma.
Conversaciones que quisiera poder guardar letra a letra, grabadas a fuego en mi corazón.
No sé que hay más allá de la vida, no sé si volveré a veros allá donde estéis, pero podéis hablarme así como ella me habla, que yo fingiré que os entiendo perfectamente y hablaré con vosotros hasta que me despierte.
Ni siquiera sé como es posible vivir después de vosotros, no entiendo de donde se sacan las fuerzas, pero claramente ahí están.
Me planteo cada día más la existencia de ese Dios de mi cultura, que mira impasible como dejáis los brazos de vuestros padres vacíos, tal como su alma destrozada de agujeros.
Solo puedo pensar en él de aquella forma en la que una vez mi hermano me explicó, tal vez ni siquiera lo recuerde. Dios, decía, es solo algo así como el dueño de un acuario, lo crea, lo llena de vida y observa a sus habitantes, maravillado de su belleza y peculiaridades, a veces algo ocurre, mientras él ni siquiera está mirando, y muchos pececillos mueren, así como muere uno de vez en cuando y él solo puede lamentar su pérdida, ya que desconoce realmente lo que ha pasado, pero los demás viven y el sigue mirándolos de vez en cuando fascinado, incluso a veces se percata de que alguno está enfermo o débil y hace lo posible por ayudarlo, pero realmente son tan pequeños, tan efímeros, que no puede permitirse el lujo de estar siempre atento, para que todos lleven una vida larga y fácil.
No tengo palabras para agradecer a quienes me ayudaron a hacer menos terrible ciertos momentos, pero aún así sigo sin entender el propósito de esta efímera vida, que te da y te quita sin motivo ni razón, ¿porqué mi Ariadna esta aquí con nosotros? ¿porqué no están Alejandro y Nora con sus padres? yo no lo merezco más que ellos y sin embargo en la puta ruleta del jodido destino, me tocó una carta tan solo un pelín más alta.
Judit, José Damián, Dani, Pablo, María, Jose, Ariadna, Nora, Alejandro...
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