viernes, 14 de diciembre de 2007

De todo lo posible y lo imposible

Hay que ver lo que cambia la perspectiva de las cosas, según como empieces el día, he de decir, que últimamente en mi vida de montaña rusa, cambia tanto la visión del todo según me pase tal o cual cosa, que me levanto cada mañana expectante a comprobar cual va a ser la sorpresa del día.
Yo que siempre me despierto de buen humor, haya pasado lo que haya pasado el día anterior, a veces es increíble lo poderosa que me siento, solo por que el día sea acorde a mis expectativas, y solo la visión de 4 o 5 carros en el muelle del Corte Inglés de Nervión, puede hacer que mis ansias de matar preventas sea más que mi inquietud por que lleguen las 2 de la tarde.
Me levanto con la sensación de que el mundo es mío, que me espera un día de emociones fuertes, enciendo la luz y mi mascota Coby (la cobaya), comienza a emitir su sonido de quiero lechuga, la exigencia misma que da vida al comienzo de la mañana, haciéndome saber que es el ser más importante de mi casa.
Me voy al baño y comienzo a pensar en que dormiría una hora más si pudiera y me prometo a mi misma que mañana me acostaré antes, y que el friki de los clicks dejará de tener prioridad total en la conversación de mis noches para dejarme un poco de espacio para leer. Pero esto, de entrada ya sé que es imposible, quién escucharía entonces mi paranoica visión, de lo sucedido en el día.
Cuando consigo encontrar las llaves, salgo de mi casa para adentrarme en la espesura de la ciudad y vuelvo a prometerme a mí misma, que mañana saldré un poco más temprano, para no tener que desear cambiarle a decenas de ciudadanos, sus coches por bicicletas.
Es posible llegar desde Sevilla Este a Nervión en 10 minutos, si controlas la velocidad constante y la proximidad entre coches lentos y semáforos en verde tomate.
Y de repente me acuerdo de que es invierno, es imposible que exista una persona, más despistada en cuanto al abrigo que yo, es como si mi cuerpo no reconociese las temperaturas hasta que salgo del coche, y de nuevo otra promesa, coger los guantes, abrigarme más, y no sugestionarme con la certeza de que cuando lleve un rato trabajando el calor será insoportable.
Entonces veo los 4 carros, maldigo al preventa, intento colocarlo todo en 3 y sacar uno vacío. Es posible saludar a todo el personal del Corte Inglés sin decir siempre la misma frase, Buenos Días, Buenas, Qué hay, Cómo va eso. Pero al rato vuelves a empezar, e incluso a veces saludas dos veces a la misma persona, todos van o de gris o de rojo, a veces parecen chinos indistinguibles sin un distintivo de neón sobre sus cabezas. Juanjo, Jose Antonio, los dos Julios, uno de ellos de Cuba y el otro Uruguayo, y Rocío. Los demás, simples peones que apenas consigo identificar si no quiero. Ya incluso he conseguido saber donde trabaja cada uno, es un comienzo.
Luego otro supermercado, vuelta a mi casa a recordar que mi cobaya es un pozo sin fondo.
Me preparo la comida si tengo tiempo, y como siempre me voy a San Juan, con la certeza de que hoy solo frentearé, que no colocaré nada nuevo y lo echaré todo para adelante. Eso, solo ha ocurrido una vez, lástima de niña. Los demás que reponían aquí no eran tan honestos como yo, supongo.
Es imposible salir del Hipercor San Juan sin que se te ponga delante en la rotonda una mujer. Creo que no saben como va esto de las rotondas y que buscan alguna indicación divina para adentrarse en el desconocido mundo del tráfico circular. Al fin se decide, la adelanto y me pregunto porqué no consigo identificarme casi nunca con el género femenino, que tan extraño me parece.
Ahora consigo que 10 minutos de camino a la cartuja se hagan eternos, por las ganas que tengo de llegar a ese comedor y entablar una interesante conversación con alguien que tiene demasiadas cosas en común conmigo. Es posible darle una vuelta a la manzana en tan solo 15 minutos, aunque a veces parezcan segundos o décadas en la infinitud misma de lo posible y lo imposible.
Comienzo entonces el declive de la tarde hacia los momentos que sé que escucharé su voz haciéndome sonreír todo el tiempo, ascendiendo hasta la noche. Es posible volver a empezar cada día, como si fuese uno nuevo, y que la sensación de que estás ganando o perdiendo, se pierde o se gana, según la última conversación que hayas tenido.

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