jueves, 20 de diciembre de 2007

El Rey de mi casa

Como ya habréis podido leer en otro post, tengo una cobaya, Coby, la verdad es que es un ser bastante peculiar y que yo creía como cualquier otro roedor, pero no es así.
Conocí a Coby, como casi todo el mundo, en una tienda de animales, yo iba a comprar peces para mi ex, quería un boetia payaso, pero era un poco difícil hallar este tipo de peces en aquella época así que me llevé un par de betas combatientes, macho y hembra, el caso es que estaba yo ensimismada eligiendo el macho, cuando una pareja de unos 50 años más o menos, entró con una jaula, que parecía repleta de pelo, era una jaula extremadamente pequeña, y en su interior se hacinaban unas 8 cobayas más o menos, me acerqué a verlas pues me llamaron mucho la atención, y entonces lo vi, era el más feillo de sus hermanos, que eran verdaderas preciosidades, tenía el pelo para todos lados y los colores tan difuminados que no sabías donde empezaba uno y terminaba otro. En verdad no es feo, solo que los demás eran más bonitos. Así que me dije, a este lo venden el último, y armándome de valor por pensar en lo que Alberto me iba a decir cuando llegara a casa compré una jaula, todos sus menesteres y me llevé a Coby.
Bueno he de decir en honor a la verdad que Alberto no se enfadó y pude ponerle nombre antes de que se le ocurriese la poco original idea de llamarle Bartolito, igual que a todos los animales machos que había bautizado. El caso es que en el reparto de bienes, como es lógico yo me llevé a Coby a casa, aún pequeño para comprender tanto cambio en su vida, y él se quedó con los peces, bueno pez, porque solo queda uno.
El carácter de Coby es algo extraño, siempre parece asustado, y si te acercas demasiado a él, huirá como llevado por el diablo cobayo, pero si lo coges, se queda quieto y hace un sonido como ronroneando que es realmente enternecedor, a veces mientras escribo en mi ordenador se sube a su casita y me mira mientras me hace un sonido que quiere decir, estoy contento o algo así. Pero no todo es timidez y cariño...
Abro la puerta de mi casa después de trabajar, por ejemplo, y ya empieza a hacerme ruidos de quiero comida, y entonces abro el frigorífico, os aseguro que solo un sordo es capaz de obviar este sonido, comienza a hacer una petición de lechuga en plan bestial, sin parar hasta que ve que te acercas a dársela, tras lo cual se mete en su casita a comérsela a veces seguido del sonido de que contento estoy con mi lechuga.
Otras veces por la noche (y eso que las cobayas son diurnas), le da por ponerse a dar vueltas por la jaula o beber agua, haciendo tela de ruido, así que yo, medio sonámbula, me levanto y lo llevo al cuarto de baño que es lo más lejos que puedo llevarlo de mi cama. Así por la mañana, con las legañas todavía cerrando mis ojos, me pego el gran susto cuando me lo encuentro en el baño mirándome y pidiéndome su desayuno.
En realidad me hace compañía, pero hace conmigo lo que quiere. Menos mal que al ser una cobaya pide poco. Aunque a veces no sé quien es el dueño de quien, yo lo lavo, le limpio la jaula, le echo comida, lo cuido, en fin cada uno que piense lo que quiera, pero sinceramente, creo que Coby me posee, es como Matrix pero en cobaya.
Bueno, me voy que hoy toca baño, que luego tenemos visita...

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